Quienes ya no dan la nota en la televisión, ni siquiera en los grandes
medios de comunicación, buscan los semanarios para lanzar sus ponzoñas.
En esta ocasión se trata de “Frijolito”. ¿Se acuerdan de él? Tal vez
muchos lo han olvidado. Se trata de aquel jefe del clan que operaba en
el estado Carabobo. Pienso que ahora sí saben de quién se trata. Esas
señales bastan para entender que se trata de Enrique Salas Römer, el ex
gobernador que pretendió se presidente de la República y fue revolcado y
aplastado por el voto que obtuvo el Gigante Hugo Chávez Frías. Fue la
primera victoria electoral de Chávez.
El semanario “La razón” se convirtió en un nido de amargados y brinca
talanqueras. Allí en ese periódico vomitan sus dardos envenenados.
Frijolito, como el gobernador invisible del estado Miranda, han sido
víctimas de los líderes del chavismo: el primero fue derrotado por el
Comandante Supremo y el segundo por el nuevo líder del de las fuerzas
revolucionarias. El señor Salas Römer dice esta barbaridad: Estamos al
borde del abismo, somos el país peor administrado del mundo”. Y él sus
congéneres son los peores gobernadores que han existido y los ex
candidatos más mediocres que han aspirado a la presidencia.
El señor Salas Römer y su hijito, el pollo, son unos pobres diablos,
pero unos ricos a costillas del estado Carabobo. Ellos constituyeron un
clan. El clan del raspado. El raspado de la olla. Sacaron un dineral
mientras fueron gobernadores de ese estado. Hoy día viven como unos
reyes. Y todavía el viejo Salas, en vez de irse para una isla a
disfrutar de los dineros del pueblo, anda aún lanzando dardos
envenenados por un semanario que nadie lee. Este perdedor se atreve a
señalar que hay que hospitalizar al páis. A él es a quien deben
hospitalizar para que le traten del despecho que le da el hecho de que
aquí en Venezuela quien manda es el chavismo. Chavismo para rato, y cada
vez más duro. Señor Salas Römer vaya a pasar su despecho en Miami, o
cualquiera otra ciudad de los Estados Unidos. ¡Usted es un cadáver
político! ¡Se cansa uno! ¡Volveré!
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