Juro que me cuesta mucho dejar de escribir sobre Henrique Capriles. Por
una razón muy sencilla: este personaje motiva a cualquiera para escribir
acerca de él, por cada metida de “pata” en su actuación política y
pública. Su comportamiento es la de un niño malcriado, cuyos padres no
le satisfacen sus caprichos. Su respuesta es una rabieta que la pagan
los objetos que están a su alcance. Es cuando le dicen: ¡Ahh, que
muchacho tan rabioso!
No asistió a la convocatoria del Presidente Nicolás Maduro a Miraflores.
Tal vez pensaba que la nostalgia de no presidir un acto similar en el
Palacio, lo iba a castigar, a nivel mental, por lo que prefirió no
asistir. Un acto que, de una vez por todas, legitimó a Maduro, como el
presidente de todos los venezolanos, menos el señor Capriles que sigue
empeñado en una posición absurda y mezquina.
Aún debe estar invadido por la ofuscación. Una emoción negativa y
perniciosa. Aunque muchos especialistas piensan que se trata más que una
emoción, un estado mental que genera una insania en su estado
emocional. La ofuscación conduce a una falta de visión en el presente
con proyección hacia el futuro. La percepción de Capriles luce
distorsionada, alejado de la realidad circundante. Estoy seguro que este
gobernador invisible del estado Miranda, está apostando que el diálogo
iniciado en Miraflores fracase. Le está pidiendo a Dios que todo se
venga abajo, para justificar su ausencia en la reunión convocada por el
Presidente Maduro. Esa es su jugada. Rogar por el fracaso. Un fracaso,
como él, no puede hacer otra cosa.
La ofuscación puede degenerar en odio, y, como usted lector sabe, el
odio puede conducir a la violencia y, por ende, causar daño a los demás.
Ese estado nubla la mente, y, por lo tanto, no puede accionar en el
sentido correcto en que marchan los demás. Esa ofuscación está socavando
la base de credibilidad que tenían sus seguidores, antes de las
elecciones del 14 de abril. “Los pensamientos que brotan de la
ofuscación estarán cargados, demasiado a menudo, de avidez, ira y celos.
No conduce a la dicha sino al dolor”. Al pueblo de Venezuela le hubiese
gustado ver por televisión al gobernador de Miranda, exponer sus puntos
de vista, con franqueza, con sinceridad y sin tapujos, como lo hicieron
los gobernadores y alcaldes que atendieron la invitación del Presidente
Maduro. ¡Se la perdió! Y su liderazgo va palo abajo. ¡Se cansa uno!.
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