EL SEMBRADOR
Hoy hace un año. Hoy 5 de marzo de 2014, ya han pasado doce meses sin
ti. Los psiquiatras defienden que el luto mental y sentimental por una persona
dura aproximadamente este periodo. Un año. Voy a reflexionar desde estas líneas
hablando sobre un mito en presente, nunca en pasado. Como recitaba con sonetos
musicales Alí Primera, los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.
Hugo Chávez nunca murió. Está y permanece en todos y cada uno de nuestros corazones. Corazones solidarios,
almas socialistas, comportamientos de izquierda. Chávez se dedicó a sembrar con
cada gesto, con cada palabra, con cada silencio, el socialismo que todos
anhelamos en terrenos abonados. Ya estaban abonados con tanta porquería como
nos han inoculado durante el periodo vital de cada uno. Chávez aprovechó ese
abono y sembró, vaya que si sembró. Sobre ese estiércol intrínseco, esparció
las mejores semillas. Las de la igualdad, las del amor al prójimo, las
sociales, las educativas, las sanitarias, las viviendas y tantas y tantas otras
que en definitiva englobaban una cosecha que hará un mundo más justo, menos
dañino y más equitativo.
Esas semillas ya están germinadas y por
muchos cuervos y pájaros de mal agüero que quieran arrancar y acabar con esos
gérmenes, todos y cada uno de nosotros somos espantapájaros de la revolución
bolivariana. Somos guardianes de la mejor de las recolecciones. El Socialismo
que quería y nos contagió El Sembrador, el Gigante de la Revolución. El mito
inquebrantable. Se ha salido con la suya. Su siembra ya tiene sus frutos. La
revolución socialista, el chavismo ya es imparable. Cuando Chávez el mortal nos
dejó, el Chávez imperecedero se propagó por el mundo como una riada imparable.
Chávez somos millones. Nos multiplicamos a medida que nuestra admiración crece
y eso es cada día. En las universidades, en colectivos, en colegios, todos
tienen curiosidad por saber quién es Chávez. No quieren saber nada de lo que le
han contado, de lo que le han mentido, quieren conocer al verdadero, al real,
al genuino Chávez. Son más semillas. El Sembrador de nuevo ha triunfado.
Seremos aún más simientes y germinaremos a pesar de las malas hierbas que en
cualquier plantación crece. La bondad y la generosidad triunfarán por encima de
todo y de todos.
Hoy hace un año que lloré. Lloré como
un niño al conocer como la persona a la que admiro no compartiría experiencia
vital con los ciudadanos del mundo. Lloré por tristeza, de rabia, de
incomprensión y por egoísmo. Me preguntaba quién sería el que tomaría el
control del tren rojo. Hoy hace un año que El Sembrador terminó su ciclo vital,
pero también hace un año que el conductor de autobús, se hizo cargo de la
locomotora roja. Sigamos a ese tren, es el mejor en el que nos podemos montar.
Está manejado por quien fue señalado por el visionario y eso aparte de ser la
mejor garantía, continúa su legado para bien y para mal. A Nicolás le están
asediando como en tiempos de la Inquisición, como si el castillo hubiese que
conquistarlo a toda costa. Maduro fiel a su apellido, nos ha demostrado sensatez,
experiencia, sabiduría y a la sazón ser el alumno aventajado del mejor de los
maestros posibles. Apoyémosle a muerte, estemos a su lado y nunca
desfallezcamos en su defensa por muchas nubes negras que acechen al proceso.
Cierto es, que no nos han dejado guardar el luto sentimental que
aconsejan esos psiquiatras. No hemos podido llorar una ausencia, no nos han
dejado plañir ese dolor. La revolución sigue compañeros. Traguemos ese dolor,
enjuguemos nuestras lágrimas y apretemos los dientes. Venezuela, Maduro y el
Chavismo nos necesitan ahora más que nunca. Luchemos por esa cosecha, tal y
como quiere el que hizo la siembra.
Estarás apenado sin duda de ver
a tu querida Venezuela asediada y violentada por venezolanos que no quieren a
su patria. Amas la paz por encima de todas las cosas. Y el diálogo es el mejor
remedio para la sinrazón. Venezuela es un pueblo pacífico. Todo pasará, seguro
Comandante. Y brindaremos por ello. Pero mientras tenemos tu recuerdo más
presente que nunca, luchemos por ese pueblo pacífico, por esa revolución.
Triunfaremos sin duda. Porque como has defendido siempre, “un gobierno
apuntalado por su pueblo jamás caerá”. Y así será.
Cuando veo manifestaciones a favor de
Maduro, del Chavismo, de la Revolución Bolivariana, veo en cada mirada de
ancianos, de trabajadores, de venezolanos que nada tenían y hoy tienen el mayor
de los tesoros como es la dignidad, la mirada de Chávez, la transparente, la
ilusionante, la limpia, la que destilaba verdad y la que no engañaba a nadie.
Una mirada que te fija tus ojos, la que va directa, la que no se desvía. Esa
mirada es fruto de la cosecha. Esa mirada es símbolo de que se hicieron las
cosas bien y ahora se tiene la recompensa.
Un año transcurrió pero no se perdió.
Todo lo contrario. Los chavistas hemos demostrado que la revolución está más
viva que nunca por muchas guarimbas que monten los cuervos con distintas
banderas. Seguiremos luchando por que la siembra tenga la mejor de las saludes.
Por nuestros hijos, por futuras generaciones, por un mundo mejor. Porque es
posible y porque es necesario.
Chávez, El Sembrador, cuán astuto eres, tanto como inmortal.
Hoy lloremos al recordar al Eterno. Pero lloremos de alegría, de
felicidad, porque Chávez no murió, permanece en cada uno de nosotros y eso es
motivo de alegría, porque somos millones. El sembrador consiguió su objetivo.
Chávez vive, y seguirá viviendo, y la lucha sigue y seguirá existiendo.
Viva
Chávez. Viva la Revolución Bolivariana. Viva Maduro. Viva Venezuela. Y que
vivan todos y cada uno de los chavistas.
Plataforma Bolivariana de Cádiz Francisco de Miranda

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