El día 5 de marzo de 2014 se cumplió el primer aniversario de la
desaparición física del Presidente Hugo Chávez. El gobierno venezolano
programó para ese día un desfile cívico–militar en el Paseo de Los
Próceres y posteriormente varios actos recordatorios en el Cuartel de la
Montaña, donde reposan los restos del líder bolivariano. Ese día por
razones personales salimos muy temprano a la calle, utilizando el
transporte público para desplazarnos. Bajamos en la estación de Chacao
del Metro a las 6:00 a.m, y nos encontramos con que en esas calles y
avenidas ya estaban montadas las barricadas que luego serían incendiadas
para paralizar el tránsito automotor. Pequeños grupos de no más de 12 o
14 personas enmascaradas en cada caso, eran los encargados de erigir y
mantener los bloqueos. Cuando sacamos la foto que acompañamos, fuimos
amenazados por los encapuchados, porque “no sabían quiénes éramos”,
aunque no se atrevieron a ejercer violencia para cumplir sus amenazas.
Mientras tanto la policía local se limitaba a cerrar las calles una
cuadra antes de cada barricada, sin intervenir en ningún caso e incluso
advirtiendo a otras personas que intentaban tomar gráficas, que “no se
arriesgaran y que se fueran”.
Caminamos hasta la urbanización cercana de Chuao, que estaba en total
normalidad, y cuando intentamos volver hacia el Oeste de la ciudad,
descubrimos que el transporte público no circulaba por allí, por lo
menos el que podría llevarnos en dirección Oeste. Conseguimos subir a
una buseta en dirección totalmente opuesta, que nos llevaría hasta el
extremo Este de la ciudad (Petare) donde podríamos abordar el Metro y
volver a nuestro destino. En el recorrido pudimos observar como en otras
urbanizaciones del Este también se habían levantado y quemado
barricadas (Los Dos Caminos, La California).
Un par de horas más tarde, a través de los medios públicos pudimos
apreciar como grandes multitudes se habían ido desplazando (aún a pie) y
finalmente colmado el Paseo de los Próceres, donde se desarrollaría el
programado desfile cívico militar al cual acudió una numerosa delegación
internacional, entre ellos los presidentes Evo Morales, Raúl Castro y
Daniel Ortega.
Las dos imágenes de la ciudad
Más que nunca quedó allí reflejada la realidad de la Venezuela actual.
Dos imágenes de la misma ciudad muy definidas geográficamente. Una zona
entre el Oeste y el Centro geográfico del Valle de Caracas, y otra zona
en algunas urbanizaciones del Este. En la primera, la vida normal de la
ciudad, pautada por las movilizaciones políticas y sociales masivas
(tanto bolivarianas como de oposición), en la segunda los hechos
puntuales de violencia y vandalismo. Un verdadero flash de la situación
social de la Venezuela actual, en la cual coexisten esas dos realidades
separadas y tan diferentes.
En la medida que el tiempo va transcurriendo, los hechos van debilitando
a la manipulación mediática. Va quedando cada vez más al descubierto
que la matriz originada en los medios privados de Venezuela y
consolidada y distribuida por las cadenas de medios corporativos
transnacionales, que dice que la violencia en el país es el producto de
“la represión del gobierno a las manifestaciones estudiantiles”, es en
definitiva una “realidad virtual inventada” que no se corresponde con
los hechos. A pesar de todo, los medios insisten en la deformación para
mantener el entorno de desestabilización sobre el país. La Radio
Televisión Española –que es el medio público de ese Estado– “informando”
sobre los últimos sucesos en Venezuela, en los que fueron asesinados
por disparos de fusil de francotiradores desde la azotea de un edificio
cercano, un guardia nacional y un motorizado cuando intentaban levantar
las barricadas instaladas; atribuía estas muertes a “un enfrentamiento
entre colectivos chavistas y manifestantes”, utilizando para ilustrar la
noticia videos reales del suceso, editados a conveniencia del relato
establecido. De dichos videos que mostraban los sucesos claramente,
quitaron las imágenes en que se veía al guardia nacional intentando
abrir la barricada, y las de los francotiradores en el techo del
edificio, mientras la narración de la noticia en la voz de su
corresponsal en Caracas“”explicaba” lo sucedido según el libreto del
medio de comunicación. Se está utilizando ahora una nueva fase de la
manipulación mediática, se emplean videos reales editados, y se adjudica
con la voz en off a las imágenes las secuencias y significados del
guión ya establecido previamente. Con esto se intenta sustituir la
escasez de material gráfico y el uso de imágenes falsas que se
utilizaran hasta ahora para apoyar la mentira sistemática.
La violencia
El hecho es que la violencia en el país está programada y responde a
intereses muy específicos. Podemos establecer varias de sus
características:
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La táctica. Los focos puntuales de violencia son ejercidos por grupos de tipo comando de entre 10 a 15 integrantes, todos ellos enmascarados. Llegan rápidamente, arman las barricadas para bloquear calles y avenidas y las incendian, vandalizan y destruyen locales públicos tanto estatales como privados, o atacan camiones de transporte de alimentos o combustible. Están evidentemente entrenados en este tipo de acciones y huyen rápidamente una vez cumplidos sus objetivos. No se trata en absoluto de “manifestantes”, ni por su número ni por sus características. En su mayoría no son estudiantes y entre ellos han sido detenidos extranjeros llegados recientemente al país, algunos de procedencia centroamericana.
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La estrategia. Los ataques se realizan en zonas geográficas definidas de las distintas ciudades. Estas zonas son las urbanizaciones de clase media, aunque no todas, ya que se limitan a aquellas que no tengan en sus cercanías sectores populares (por lo visto no quieren correr el riesgo de enfrentamientos con ellos). Es curioso que de las 345 alcaldías que existen en el país, la violencia solo aparece localizada en alrededor de nueve de ellas. Queda en evidencia dado su formato, que estas acciones se planifican y se sincronizan desde un Comando Central, que funciona al estilo de un verdadero mando militar.
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La logística. Para realizar estas acciones disponen de una compleja logística. Los desplazamientos de los grupos comandos se realizan en busetas o en autobuses que llegan a movilizarse en convoy. Cuentan con materiales y herramientas abundantes. Las investigaciones policiales han localizado y allanado varios “arsenales” en depósitos o edificios, con bombas molotov, clavos “miguelito”, pintura, piedras y tierra, alambres trenzados de acero (guayas), barras de hierro (cabillas) y otros elementos para la violencia civil. Manejan además sus propios sistemas de comunicación, entre ellos la red Zello, una red abierta que normalmente se utiliza a través de Internet para los Walkie–talkie.
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La financiación. Es obvio que para disponer de estos elementos, tanto del transporte y las comunicaciones como de las herramientas y materiales, este “movimiento terrorista” debe contar con financiación. Si a eso se agrega que las investigaciones de los cuerpos policiales monitoreando las redes sociales y la red Zello dejaron al descubierto la tarifa de pagos a los integrantes de los comandos, que es de Bs. 3.000.– (unos 300 dólares) por cada acción realizada; los montos totales estimados para costear todo esto se vuelven bastante elevados. La pregunta entonces es ¿de dónde sale todo ese dinero? Si nos atenemos a documentos, algunos públicos, otros desclasificados, y otros mencionados por Wikileaks, parte importante de esa financiación viene directamente de los Estados Unidos, vía USAID, vía Endowment for Democracy, vía agencias de inteligencia y otras ONG. Es posible también que parte de la financiación venga de capitales nacionales, aunque allí ya la cosa es mucho más secreta, y si bien existen firmes sospechas de quienes pueden ser, no podemos hacer otra cosa que teorizar al respecto.
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Los resultados. Los resultados de toda esta violencia están afectando a parte de la población venezolana. Los vecinos de las urbanizaciones de clase media en las que se ejerce –que son en gran parte de oposición– están sufriendo las consecuencias de esta violencia que los utiliza como blanco principal y están empezando a defender sus hábitats. La considerable parte de la población que normalmente vota por la oposición no quiere en general la violencia y cada día se separa más de ella. Respecto al estamento político, hay una parte de él que ha mantenido un respaldo a la violencia, por supuesto no de una manera explícita, pero sí defendiendo la tesis que ella es producida por la represión del gobierno, obviando a los verdaderos responsables. Hay otra parte de la oposición que se ha sentado a dialogar con el gobierno, y muchos de ellos han condenado explícitamente los hechos violentos. El resultado es que quienes la ejercen se ven cada día más aislados política y socialmente. Si a esto agregamos que están lejos de lograr alguno de sus objetivos de desestabilización (provocar un golpe de Estado, un “golpe suave” o una explosión social), lo más razonable sería que cesaran de sus intentos. Sin embargo hasta ahora su respuesta ha sido solo una: más de lo mismo. Si no fuera porque nos va quedando un lamentable saldo de heridos y muertos, y que aparece una nueva escalada con el uso de francotiradores, lo lógico sería aguardar a que la violencia se diluya en su propia incapacidad y su constante girar en el vacío. Sin embargo, el presidente Maduro ya ha llamado a los movimientos sociales a que colaboren en la eliminación de las barricadas.
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El Táchira. La parte más grave de esta violencia está en el Estado fronterizo de Táchira. Allí es ejercida por elementos paramilitares, que la llevan a un nivel mucho más elevado que el de la mera agitación civil. El gobierno venezolano ha tenido que enviar a las Fuerzas Armadas Bolivarianas a la zona, aunque no ha permitido todavía el enfrentamiento militar. Su acción en este momento está centrada en establecer las mesas de la Conferencia de Paz en ese Estado, buscando crear un entorno social que no permita más el ejercicio de la violencia.
En definitiva, luego del asueto de Carnaval, el país parece estar
volviendo a sus cauces normales, existen algunas verdaderas y no
demasiado numerosas manifestaciones pacíficas de la oposición, los actos
masivos programados por el gobierno y los movimientos sociales y los
focos puntuales violentos, aunque la gente acude normalmente a sus
trabajos y los jóvenes a sus estudios. Las mesas de la Conferencia de
Paz llamadas por el gobierno están activas, y a pesar de su
invisibilización por parte de los medios privados y los medios
transnacionales, ya parecen están comenzando a dejar algunos frutos.
Entre ellos, tres diputados del partido de oposición UNT han abandonado
esta tolda política por no estar de acuerdo con sus posiciones frente a
los sucesos en el país y la negociación.
Todo parece indicar que Venezuela no va a seguir los pasos de Ucrania,
que a pesar de todas las dificultades los intentos de desestabilización
han fracasado, porque se han encontrado frente a unas mayorías que los
rechazan, aunque en su empecinamiento las fuerzas que los provocaran
sigan presionando sin reconocer su fracaso.
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