"Lo lógico es que ahora lo remplace el Socialismo Democrático"
A punto de concluir su gestión como presidente de Uruguay, José Mujica habla en entrevista de sus 50 años de lucha por cambios políticos, económicos y sociales, en los que aprendió que vale la pena pelear para que las personas tengan un poco más de comida, mejor techo, más salud y mejor educación, pero lo más hermoso y preciado es la vida
Credito: Óscar Bonilla
La reunión con José Mujica se llevó a cabo bajo un árbol de su chacra (predio que cultiva), a pocos kilómetros de Montevideo
Credito: Óscar Bonilla
Tomó un termo y empezó a hacer mates para todos los que se encontraban en la entrevista
Credito: Óscar Bonilla
Le ofrecieron miles de dólares, pero Mujica ha dicho que nunca venderá su Volkswagen Fusca de 1987
Credito: Óscar Bonilla
El capitalismo ya está agotado, sentencia MujicaIntegración, el gran desafío de América LatinaEl gran elemento distribuidor es el salario, pero tiene límite, dice el presidente uruguayoLas burguesías de AL son muy atrasadas, con mentalidad dependiente, señalaCrítico de su gestión, acepta que cambiar inercias en su país sería como la revoluciónLo lógico es que el socialismo democrático lo remplaceTenemos que transformar el Estado, hacer esa revolución, evalúaEn cualquier sistema, nada es más hermoso, más preciado, que la vidaVale la pena pelear para que la gente tenga un poco más de comida, diceEl gran elemento distribuidor en la sociedad, al menos en la actual, es el salario
Domingo 22 de febrero de 2015.-
Pepe Presidente. Dicho así, como en el título, parece una consigna
electoral. Pero José Mujica está a punto de concluir –este primero de
marzo– su mandato como Presidente y es másPepe que jamás. Llevo medio
siglo en la profesión y he tenido oportunidad de conocer y/o alternar en
distinto grado con mandatarios de lo más diversos, desde Ronald Reagan a
Raúl Alfonsín, pasando por Fidel Castro, Mijail Gorbachov, Lula,
François Mitterrand, Sandro Pertini, Michelle Bachelet y Carlos Menem,
pero Pepe se sale del molde; es decididamente otra cosa. El único
conocido que se le asemeja en talante democrático y sencillez es el
argentino Arturo Illía, pero éste estaba lejos del arsenal teórico y la
experiencia política y vital de Pepe.
El 11 de febrero pasado, a las 10 de la mañana, llegamos la periodista
suiza Camilla Landböe, el fotógrafo Óscar Bonilla, el amable gestor de
la entrevista Federico Fasano Mertens, el director de prensa de la
Presidencia de Uruguay Joaquín Costanzo y yo mismo a la sencillísima,
florida chacra de Pepe, a pocos kilómetros de Montevideo. Sale el
Presidente a recibirnos, vistiendo camisa arremangada y fuera de los
pantalones vaqueros, zapatillas con cordones a medio atar y gorra de
béisbol. Saluda, estrecha manos, nos sentamos bajo un árbol, agarra un
termo y empieza a cebar mates para todo el grupo. De vez en cuando
interrumpe para pedirle a Bonilla que le preste tabaco y papel para
liarse un pitillo.
Pero aunque esta descripción lo sugiera, no hay nada de pose, de
pintoresquismo en Pepe Mujica. Respira, transpira, transmite autencidad,
demostrada en su vida de toda la vida y sobre todo en lo que hace, en
lo que dice. No he conocido políticos, menos aún Presidentes, que se
expresen con tanta libertad sobre las limitaciones y problemas de su
gestión, sobre sus propios partidarios y aliados, con un lenguaje mezcla
de intelectual profundo y hombre de la calle. Pepe es uno de esos raros
marxistas que han comprendido el materialismo humanista de Marx y hacen
esfuerzos por ponerlo al día. En cualquier caso, un hombre cultivado y
profundamente honesto, sincero. Se puede estar de acuerdo o no con todo o
parte de lo que expresa, pero es imposible no maravillarse ante un
personaje así.
Pepe, Presidente de la República Oriental del Uruguay.
CG (Carlos Gabetta): Empecemos por las cuestiones formales: ¿cómo es el trato? Lo llamamos Presidente, señor Mujica, José o…
JM (José Mujica): Pepe… y nos tuteamos.
CG: Gracias, Pepe. Comencemos entonces. Para un hombre como vos, que ha
luchado en los años 70 por cambios políticos, económicos y sociales
rápidos, definitivos; por una revolución, y ha pagado por ello, entre
otras cosas con 15 años de cárcel… ¿Qué significa, años después de todas
esas experiencias, ser Presidente electo, encontrarse al frente de una
alianza de centro-izquierda, con compañeros que tienen ideas distintas y
con una responsabilidad de gobierno?
JM: Los hombres, como cualquier cosa viva, amamos mucho la vida.
Entonces queríamos un mundo perfecto. Después hemos sufrido bastante,
pero por falta de velocidad, porque nos agarraron (risas), no porque
fuéramos héroes. Pero allí empezamos a revalorizar el papel que tiene la
vida, nada más y nada menos… Vale la pena pelear para que la gente
tenga un poco más de comida, mejor techo, más salud, mejor educación, y
transcurra su tiempo sobre el planeta lo mejor posible. Pero nada es más
hermoso, más preciado que la vida… Y esto es así en el capitalismo, lo
fue en el feudalismo, lo fue para el hombre primitivo… y lo será en el
socialismo. Como la vida no hay nada… Eso es lo que aprendimos en esos
años, que la vida es el primer valor, y en todo caso el segundo valor es
la sociedad.
Por eso ahora andamos despacio, pero firme, tratando de apuntalar
transformaciones que son relativas; lentas, porque deben consensuarse;
que no son definitivas, porque lo único definitivo es la muerte…
CG: Lo que decís se podría entender, traducir, como una adaptación a la realidad…
JM: Uno no acaba nunca de adaptarse a la realidad, que es tan compleja…
Es una manera de ver el mundo… algunos lo ven a través de una ecuación
religiosa, otros meramente ideológica… yo me siento cada vez más
emparentado con viejos filósofos como Séneca, como Epicúreo, como…
CG: Heráclito…
JM: Sí… Por supuesto, hay convicciones, un trayecto intelectual al que
uno no va a renunciar, pero no debemos ser esquemáticos… Pienso que el
hombre, como animal que es, por el disco duro que tenemos dentro, es
gregario; no es un felino, es antropológicamente socialista. ¿En qué
sentido? Necesita de la comunidad para vivir; no puede vivir aislado,
tiene una honda dependencia con el grupo social. Ha vivido más del 90
por ciento de su existencia humana en forma primitiva; no separaba lo
mío de lo tuyo. La propiedad, la competencia y todo eso que vino
después. El desarrollo de la civilización fue conformando su
individualidad; la noción acabada de individuo acaparador es moderna,
capitalista. Nosotros somos capitalistas por formación histórica, porque
vivimos en este momento del desarrollo de la la civilización.
CG: Hace unos días leí una frase tuya: vamos a tener guerra hasta que la naturaleza nos obligue a ser civilizados…
JM: Y sí, por ahí vamos. El capitalismo, como todo, es contradictorio.
Por un lado, está la injusticia, la desigualdad, las guerras; pero ese
egoísmo que lleva adentro es un motor formidable, que ha desarrollado
ciencia, tecnología, todo eso, ¿verdad? El capitalismo nos ha dado
muchos azotes, pero nos regaló 40 años más de vida promedio en el último
siglo… ¿qué te parece? Ahora parece haber dado todo de sí; lo lógico es
que el socialismo democrático lo remplace, pero los tiempos de la
historia son largos. El capitalismo se desarrolló durante tres siglos
sin democracia política…
CG: Alguna vez dijiste algo así como de los problemas no hay que lamentarse; hay que enfrentarlos.
JM: Sí, el asunto es encontrar el modo…
CG: Justamente, una vez en un gobierno como el que presidís, ¿cómo se van resolviendo esas contradicciones?
JM: Se va negociando lo que se puede, tratando de contribuir a que la
sociedad sea lo más equitativa posible, interviniendo permanentemente
con políticas fiscales, sociales, impulsando la organización de los
trabajadores para que discutan el precio de sus manos. Porque en
definitiva, el gran elemento distribuidor en la sociedad, al menos en la
actual, es el salario. No es el único, y además tiene un límite, porque
si le meto la mano demasiado en el bolsillo al que tiene que invertir,
no invierte y al final tengo menos para repartir… Mirá el resultado
humano y práctico que han tenido los experimentos
apurados, definitivosdel socialismo: al final tuvieron menos para
repartir…
CG: También fueron experimentos antidemocráticos…
JM: Por supuesto, porque cuando se te achica todo, tenés que caer en la
ferocidad represiva… Pero lo peor de ese socialismo es la burocracia…
Empezás a depender no de los productores, sino de los capataces… El
capitalismo tiene los problemas que conocemos, pero siempre hay algo que
aprender, hasta del adversario. Hay que aprender de la inteligencia, no
de la estupidez.
CG: ¿Hasta dónde avanzó el Frente Amplio (FA) y qué le queda por hacer?
JM: El problema es que tenemos una herencia, como es normal. A partir de
la década del 40 –las fechas pueden ser arbitrarias– en Uruguay la
democracia se nos fue amortiguando; caímos en clientelismos, en utilizar
al Estado para colocar mucha gente, demasiada gente, y así le fuimos
quitando competitividad. Por unproteccionismo hacia la gente que
trabaja, creamos una categoría de funcionarios prácticamente intocable
que tiene su porvenir asegurado; entrando en el Estado, dentro de 40
años se jubila y nadie lo toca, haga lo que haga. El Estado perdió
vigor, y obviamente los sindicalistas defienden esas conquistas, con lo
que se transformaron en defensores del statu quo que maniataba al Estado… Tocar eso en el Uruguay es como hacer una revolución… Entonces, quedamos a medio camino.
El Frente trató de vigorizar las conquistas siendo menos demagógico,
tratando de usar y hacer las cosas un poco mejor, pero tenemos que
transformar el Estado, hacer esa revolución. Tenemos los instrumentos,
pero debemos ponernos de acuerdo: además de la energía, las
comunicaciones, etcétera, el Estado tiene en sus manos el principal
banco del país; el 60 por ciento del movimiento bancario está en manos
del Estado y nosotros (el FA) vamos levantando la consigna hay que
nacionalizar la banca…
¿Para qué vas a nacionalizar la banca? La banca estatal tiene que
funcionar a cara de perro, de tal manera que la banca privada no tenga
otro remedio que aceptar las reglas de juego. Ese es uno de los desafíos
que tenemos por delante.
CG: Junto con Chile, y a diferencia de Argentina, en Uruguay los
crímenes de la dictadura de los 70, gozaron de una ley de caducidad,
plebiscitada…
JM: Creo que el pueblo uruguayo tuvo miedo… y con buen talante, en
alguna medida decidió hacer gárgaras con tachuelas… Difícil, duro, pero
priorizó la tranquilidad.
CG: Pero luego la Corte Suprema declaró inconstitucional algunos
aspectos de esa ley de olvido, para llamarla de alguna manera. ¿Cómo se
manejó este asunto en tu gobierno?…
JM: El problema es complejo. Por un lado, los criminales no se van a
autoacusar; por otro, han dejado muy pocas pistas, yo diría que ninguna,
para que la Justicia se aplique plenamente, con lo que tendríamos para
muchísimo tiempo. Verdad y justicia suelen ser contradictorias y el
problema está en la división política y las peleas, los odios, que eso
genera en la sociedad cuando se prolonga en el tiempo. Fijáte en
Argentina, empezaron bien, pero luego fueron haciendo un enchastre tan
generalizado y masificado que han pasado 30 años y hay puntas, flecos
por todos lados… En Uruguay no… Tuvimos violencia y dictadura, pero la
gente decidió olvidarlo, si vos querés. Ya veremos cómo se va
resolviendo institucionalmente lo de la Corte Suprema.
Por último, hablando de justicia y no sólo respecto a los crímenes de la
dictadura, Uruguay funciona con un sistema jurídico acorde con el
pasado, pero no con los cambios necesarios en el presente. Si tú en
Uruguay le querés poner un impuesto a la tierra, a la concentración de
la tierra, te lo terminan declarando inconstitucional. Como en todo el
mundo y siempre en la historia, la juridisprudencia fue pensada e
instalada por las clases dominantes, las capas conservadoras. Tenemos
que lidiar con eso; no lo hemos transformado. Nosotros (el FA) hace rato
que tendríamos que haber impulsado una reforma constitucional, porque
si no cambias los instrumentos jurídicos, después te encontrás con esas
contradicciones, con un freno formidable. La Justicia, esa señora que
ponen con una venda en los ojos y una balanza en las manos… eso no
existe, porque la justicia refleja el peso de las clases que dominan en
una sociedad. Los instrumentos jurídicos están sometidos a la historia, y
la historia es una lucha de clases… Todo está pues influenciado por la
política. Creo que no existe acto más político que una revolución, y
todas las revoluciones han sido fundadoras de derecho, fuente de
jurisprudencia. O sea que la o las clases que predominan son las que
establecen las leyes. Eso es lo que necesitamos ahora, cambios
democráticos, es decir aprobados por la mayoría, pero de fondo, que
reflejen y al mismo tiempo permitan los cambios que necesita Uruguay en
el presente.
CG: Marx estaría de acuerdo con vos.
JM: Mejor dicho, yo estoy de acuerdo con Marx…
CG: Quisiera pasar al tema regional, Pepe. El Mercosur, por ejemplo, que
ha sido creado en 1989 y aún no pasó de algunos acuerdos comerciales y
aduaneros, que tampoco funcionan muy bien… ¿Qué opinás de esos
organismos, de su presente, y de lo que deberían ser?
JM: En América del Sur, y en toda América Latina, tenemos un gran
desafío por delante. Si no creamos mecanismos que nos vayan integrando,
que nos puedan dar una presencia internacional de peso, vamos a
continuar como hojas sueltas en el viento. Es evidente que en el mundo
se están organizando gigantescas unidades. China es un estado
plurinacional viejísimo; la India por el estilo. Estados Unidos con el
poder y las necesidades que tiene, con Canadá detrás y México, ese
bocado al alcance de la mano, ya está de hecho convertido en una unidad.
Europa, con todos los problemas que atraviesa, sigue en el proyecto de
conformar una gigantesca unidad. Y si mañana fracasa, acabará tragada
por una unidad mayor.
¿Y qué hacemos nosotros en este mundo, un montón de repúblicas aisladas
que vienen corriendo de atrás? Seguimos metidos en el proyecto nacional.
En los países determinantes de América Latina, Brasil, Argentina,
México, los dirigentes hablan y asumen un discurso integracionista, pero
desde el punto de vista práctico, están metidos hasta las orejas en las
contradicciones del Estado nacional. Hacia afuera, hacia los otros
países de la región, se conducen según sus tensiones internas… Estamos
lejos de tener una política de construcción. Hicimos un pacto aduanero
para negociar, ¿tá?... pero en cuanto hay alguna contradicción interna
¡tá!, ya le ponen el tapón… Hace pocos días estuve en un acto del
Partido de los Trabajadores brasilero, donde estaban nada menos que la
presidenta Dilma Rousseff y Lula… Escuché atentamente todos los
discursos, y en ningún momento hablaron de la integración. Y no lo hacen
por maldad; son de lo mejor. Cada vez que tenemos un problema con
Brasil, hablamos y negociamos y lo solucionamos, pero la política
interna y los problemas de Brasil les imponen la agenda… Y entonces,
¿qué estamos haciendo? Creamos organismos, nuevas instituciones,
Mercosur, Unasur…
El proyecto integrador tiene 200 años, desde San Martín, Bolívar,
Artigas, pero los partidos de izquierda hemos sido tan torpes que eso no
es una bandera popular; en ninguna parte de América Latina hay una
manifestación de masas peleando por la integración… eso apenas tiene un
barniz de carácter intelectual, pero no está integrado como una
necesidad histórica básica.
¿Sabés quiénes somos los más integracionistas? Los países chicos; por
necesidad… porque vamos corriendo de atrás. La integración precisa un
liderazgo, y ese liderazgo se llama Brasil… pero la Argentina tendría
que acompañar, y no acompaña un carajo, más bien lo contrario, es como
si la Argentina se hubiera retrotraído a una visión de 1960.
CG: En cuanto tiene el viento de cola, Argentina se olvida de la
integración, cuando le van bien las cosas agarra para otro lado…
JM: También Brasil… Te voy a hacer una confesión: me dijo una vez la
presidenta de Brasil: “¡Ay, Pepe, con Argentina hay que tener paciencia
estratégica…!”
Brasil les ha bancado de todo a los argentinos, de todo… Pero no quiere
perderlos como aliado. La Argentina termina siendo determinante en todo…
lo que haga o no haga la Argentina va a incidir en el rumbo que tome
Brasil.
CG: ¿Dilma dijo eso? ¿O Lula?
JM: Dilma. Lula piensa igual… Y me vienen a buscar a mí para que me haga
cargo de la lucha de integración. Lula dice: yo no puedo, Pepe, no
puedo porque soy brasilero (…) hay una fuerte burguesía paulista, que
sin dirección política, coloniza en lugar de integrar. Hacen una
inversión en Uruguay y compran algo que hicimos nosotros en lugar de
fundar una cosa nueva. Ahora tenemos 40 por ciento de los frigoríficos
en manos de brasileros. Van a la Argentina y hacen lo mismo. Eso, lo
único que hace es desintegrarnos…
CG: Los argentinos hacen otro tanto cuando pueden…
JM: También, porque eso es natural en la voracidad capitalista. Pero
políticamente hablando… yo no le voy a pedir a los burgueses que sean
socialistas…
CG: Pero sí que sean buenos burgueses…
JM: ¡Por supuesto!... Ese es el más grave de todos los problemas…
nuestras burguesías son muy atrasadas, son burguesías capitalistas, pero
tienen una mentalidad precapitalista; en todo caso dependiente.
*Periodista y escritor
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